El hombre no es de ninguna manera un producto firme y duradero(este fué, a pesar de los presentimientos contrapuestos de sus sabios, el ideal de la Antigüedad), es mas bien un ensayo y una transición; no es otra cosa sino el puente estrecho y peligroso entre la naturaleza y el espíritu. Hacia el espíritu, hacia Dios, lo impulsa la determinación mas íntima; hacia la naturaleza, en retorno a la madre, lo atrae el mas íntimo deseo: entre ambos poderes vacila su vida temblando de miedo.
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